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EL BIEN Y EL MAL

Por José Luis Villar

 

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  Todo bien y todo mal que observas, todo el bien y el mal que te rodea, sólo existen, sólo están ahí para que aprendas a descubrirte, para que aprendas a conocerte y… a conocer la vida.


  Ninguno de los dos, ni el bien ni el mal son algo en sí mismo, sólo son las herramientas necesarias para equilibrar la máquina, y esa máquina somos nosotros. No tienen otro sentido de ser que el de ayudarnos a crecer, desde un lado y desde el otro, desde el bien y desde el mal; esas son las dos manos de Dios, ninguna es mejor que la otra.


  El bien te dará alegrías, y esas alegrías te darán esperanza, ilusión y te ayudarán a ver la belleza de este mundo.


  El mal te provocará dolor, y ese dolor puede convertirse en sufrimiento, pero con el tiempo te hará fuerte, dando templanza a tu espíritu, con el fin de superarte a ti mismo.


  El bien te dará satisfacciones que te harán entender que nuestro destino es mejorar. Asimismo, te dará fuerzas para realizarlo.


  El mal traerá enigmas, preguntas sin respuesta, incongruencias, de las que tu mente intentará escudriñar el porqué, conocer los motivos, y hallará alguna de esas respuestas.


  El bien te proporcionará dignidad, afán de superación, motivación para creer en los demás y para creer en ti mismo.


  El mal te hará ver sufrimientos, crueldad, desigualdad, hecho que tu mente se negará a entender, contemplando el mundo como una lucha, como un enfrentamiento entre los dos, entre el bien y el mal, con una barrera en el centro que los separará, justo en el lugar donde nosotros la hayamos situado; y será incapaz de comprender el porqué de esa lucha, de ese sufrimiento, de esa tristeza que llega hasta un punto donde la mente ya no responde, ya no reacciona, se bloquea y… se rompe, porque no estaba preparada para este difícil dilema.


  Es entonces cuando se nos pueden abrir otros ojos, otra comprensión que no pertenece a la mente, otro tipo de visión, que nos inicia a una nueva manera de entender, de ver las cosas, de observar el mundo a nuestro alrededor, sin juzgar, sin pensar, sino sólo observar, sin calificar, sin intentar explicar, sólo contemplar, y entender... pero, de otro modo, desde otro prisma, porque la auténtica comprensión ya habrá nacido en nosotros, y la mente se habrá quedado a un lado para dar paso a otro tipo de pensamiento, de entendimiento…, que no critica, que no diferencia ni compara, que no separa, y que nos lleva hacia la paz y el conocimiento.


  El mal es la fuerza que necesitamos para sacar lo mejor de nosotros mismos.


  Porque nada es bueno ni malo en sí mismo, esa es una calificación que realiza nuestra mente para designar lo que nos es más cómodo y satisfactorio como bueno y lo que nos es más trabajoso y difícil como malo.


  Dentro de cada bien existe un mal y dentro de cada mal existe un bien. Se trata de reconocerlo, de discernir lo que nos es mejor y estudiar qué es aquello que nos compensa más.


  Y de la combinación de estos dos elementos, de su nivel de entendimiento y de cómo los viva y asimile cada uno, dependerá el bagaje y la experiencia de una persona, ese bagaje que irradiará a través de su mirada, de su presencia y en todos los actos en su paso por la vida.


  Pues en este mundo en que vivimos aún necesitamos del bien y del mal para crecer y perfeccionarnos, de esas dos caras de una misma moneda, la ilusión.


  Porque cuando el hombre adquiera el conocimiento suficiente y descubra su verdadero ser, podrá dejar atrás esas dos muletas para empezar a caminar por su propia iniciativa y por su propio pie, dirigiéndose de frente hacia su destino, sin bien, sin mal…, sólo él mismo en su andadura por la vida, mirando hacia el frente y hacia dentro a un mismo tiempo, pues ya habrá atravesado la barrera del bien y del mal, y ninguno de los dos moldearán más su destino...

 

 
 
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