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EL VALOR DE LA VIDA

Por Xiralma Deus

 

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  Hace diez años, en lo alto de la colina, rodeado de oro y todo tipo de detalles, vivía un señor con semblante siempre serio y enfadado, de unos 70 años. Decía ser el hombre más rico del valle y disponer de todo el dinero y lujos que deseaba. Hasta alardeaba creyendo conquistar a las más bellas y jóvenes doncellas del valle, con caras joyas y con los más lujosos regalos.


  Solía ir a pescar una vez por semana, por el simple hecho de hacer algo, ya que nunca se había casado ni tenía a nadie a su lado, tampoco llenaba su cesta con los peces que quería. Esa mañana, se levantó temprano, se miró al espejo, arrogante se dijo a sí mismo que era el más guapo y apuesto caballero y se dispuso a caminar colina abajo hasta llegar al río que cruzaba de punta a punta el valle, haciendo de éste, uno de los más hermoso del reino.


  Al llegar a la orilla del agua dulce, divisó su barca dentro de ésta y un extraño sobre ella, utilizando sus cañas y todas las herramientas para una buena mañana de pesca.


  Gritó enfurecido:

  - ¡¡ Tú, cómo osas robarme lo que es mío !!? ven ahora mismo aquí, te lo ordeno !! y devuélveme mi barca y todo lo que hayas pescado, porque me pertenece !!! –


  Un chico de unos 20 años, se dio la vuelta al oír semejantes gritos y respondió:

  - Aquí no había nadie señor, la barca no tenía nombre, estaba escondida entre las hojas de ese árbol y creí que estaba abandonada, la cogí porque preciso reunir alimentos para mi familia. Ahora se la regreso, lo siento -


  El hombre, cogió su barca y con un empujón, apartó al chico, quitándole sus peces.


  - Esos peces son la comida para mis hermanos, señor, yo los he cogido, puedo ofrecerle alguno si lo desea - le dijo amablemente el muchacho.


  - Ja, ja, ja, tuyos? aquí todo lo que ves es mío, incrédulo !! a caso no sabes quién soy yo ? - replicó desafiante el hombre. - Yo soy el amo, el dueño, el señor de toda esta tierra y de todo aquel que la pisa, vete de aquí o te convertiré en mi sirviente, por estar en mi río !!! –


  El joven que no daba crédito a las barbaries que escuchaba, dejó la cesta en el suelo, miró al hombre, apoyó su mano en su hombro y le dijo con voz dulce:


  - Señor, si de verdad es usted un señor, he de decirle que se considera el más rico del valle y realmente es el más pobre, algún día, se dará cuenta de ello, falta poco para eso. Mantengo la intención en mi corazón de que cuando eso le ocurra, recuerde quien fue - y se le alejó dejando sus huellas marcadas entre el barro y la hierba.


  Al cabo de unos meses, unos ladrones entraron en la casa del prepotente hombre mientras él estaba fuera, le robaron todo, sin dejar ni el más mínimo utensilio, al cabo de un par de meses más, hubo un incendio en las proximidades a su hacienda, la cual quedó reducida a cenizas que se elevaban con el viento.


  El muchacho con el que había sido tan desagradable, le ofreció lo imprescindible cuando le robaron, también su cabaña cuando la casa se le quemó, no obstante, el orgulloso señor, lo rechazó. Anduvo merodeando por las calles, pidiendo un poco de comida que llevarse a la boca, furioso gritaba a aquellos que pasaban por su vera, - Tú !, tú eres el culpable de que yo pase hambre y frío ! - Culpaba al mundo, a la Vida, a todos, de la desgracia en la que se veía sumergido.


  Y al cabo de un mes más, cayó gravemente enfermo. El muchacho lo recogió del suelo y se lo llevo a su humilde cabaña. Entre él y sus dos hermanos, lo bañaron, le dieron de beber y comer y lo taparon. Durante semanas, se turnaban para cuidar de él, poniéndole paños de agua fría en la frente para combatir su fiebre y haciendo todo lo que estaba en sus manos para su bien estar.


  Pasados unos días, el "apuesto caballero" miró entristecido y curioso al muchacho y le preguntó: - Por qué me ayudas ?, yo me comporté como un tirano contigo tiempo atrás ! –


  Cogiéndole la mano, le respondió: - Le dije que recordaría quien fue, un tirano - - No importa como se comportara entonces, lo hizo acorde a sus ridículas creencias, a sus absurdas ideas, fue fiel a sí mismo, como tirano que era. Nunca miró por los otros, casi nadie se le acercó aun teniéndolo todo, jamás hubo una sola mujer que cayera rendida a sus pies enredada en las joyas que prometía, ni tan siquiera pudo conocer el calor de un abrazo, ni disfrutó de una simple puesta de Sol, ni tuvo una mirada de Amor y sincera. Las muy pocas personas que "rieron" con usted, desaparecieron al igual que sus bienes, hasta con el Cielo se mantenía en guerra. Vivió rodeado de oros, de lujos, en una gran mansión, vacía y fría, porque ni el llanto o la risa de un niño se escuchó, nunca supo lo que era tener un hogar, la armonía y el Amor de una familia que le espera para cenar y preguntarle cómo le había ido el día. Siento decirle, señor, que usted, respiró porque tiene pulmones, aún así, no supo llenarlos con aire puro, comió, porque su dinero todo lo compraba, incluso más de lo que precisaba, ya que varias personas revisaban en los cubos a la salida de su casa, los cuales se encontraban repletos de manjares, jamás despertó, porque siempre estuvo dormido, ni corrió ladera abajo disfrutando como un crío.


  Tampoco supo distinguir entre la dulzura de la miel y la amargura de un limón, porque ni el gusto a saborear el alimento desarrolló, ni alcanzó a ver con claridad la belleza que hay en todo lo que mira.... Y así podría seguir contándole, señor. Siento decirle que usted, no vivió - - Yo soy su guía, me enviaron en el momento en el que usted más me necesitó –


  Con lágrimas en los ojos, el hombre que casi yacía en su lecho de muerte, pidió perdón, perdón por el error tan grande que había cometido, por no haber sabido valorar la Vida, ni vivirla, ni abrazarla, ni amarla, perdón por no haber visto que cada nuevo día, el Cielo le regalaba la oportunidad de abrir su corazón, manifestando en su camino, a personas nobles, personas que eran amables con él aún cuando él, los miraba y hablaba con desprecio.


  Entendió que la Vida era más de lo que había hecho, que era un bonito viaje en el que se aprende y enseña cada mañana, comprendió que era el Amor el único milagro que todo lo llenaba, que los bienes materiales los dejaría tras él cuando cerrara los ojos para no volver a abrirlos, que siempre estuvo rodeado de dinero y oros, porque así creía sentirse rico, lleno, completo, se regocijaba en la falsa riqueza, para sentir que su destino tenía algo de sentido, se dio cuenta de que aun teniéndolo todo, jamás tuvo nada y estuvo de acuerdo con las palabras del joven que tanto le había enseñado, a pesar de tan diferentes edades.


  - Aun creyendo que era el más rico, muchacho, siempre fui el más pobre, gracias por mostrarme este dura lección, que me llevo conmigo, por tu respeto y tu humildad.- Y su corazón, dejó de palpitar. *


  Reflexión:

  En la Vida, lo más importante es que recuerdes quien eres, solo así, sabrás actuar desde el corazón, ver y hacer con Amor, desapegarte de las cosas materiales y de las personas, nada ni nadie es imprescindible para que tú sigas caminando. Deja de darle tanta importancia a lo que en verdad, carece de ella y enfócate en trabajar tu interior.


  Un día, tal vez seas tú quien antes de cerrar sus ojos, diga la frase:

  - Creyendo ser el más rico, fui el más pobre -


  Con muchísimo Amor, como todo lo que sale de mi Alma para el Universo !!!


  Por Xiralma Deus


 
 
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