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EL CORAZÓN DE JESÚS

Por María José Pérez

 

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  Nadie duda de la historia que siglo tras siglo nos han contando, la que la Iglesia ha predicado desde el principio de los tiempos, donde los templos eran cuevas y los milagros se sucedían a cada paso.


  ¿Fue Jesús el gran hijo de Dios... su divino fruto en la tierra para guiar a los hombres y enseñarles a amarse los unos a los otros?...


  O; ¿tan sólo un hijo más entre la humanidad, que como tantos héroes, marcó un antes y un después en la misma?...


  Aquella, en donde la Santa Iglesia hasta nuestros días, se ha encargado de colorear y dar un toque personal a lo que realmente interesaba mostrar al mundo.


  Sin acritud y siempre desde la sincera libertad que nos brinda este mágico portal, no vamos a cargar contra la religión, ¡ni mucho menos con la forma de sentirla y llevarla de cada uno! siempre repito, lo que Buda dejó con tanta sabiduría escrito; “Todas las oraciones van al mismo cielo”


  Dios está en todas partes, no sólo en la casa de quien alguien le asignó, y al final, la fe está dentro de cada uno, y cada cual, tiene una forma maravillosa de sentir a Dios y eso es lo que lo mantiene vivo en cada corazón. ¡No!, ni mucho menos, vamos a desmentir posturas, creencias o pensamientos, todo es igual de autentico y respetuoso, si nos ayuda a crear geniales posibilidades nuevas de realización cada día en nuestra vida.


  Pero, si haremos lo que intentamos hacer siempre, acercar la divinidad a cada ser humano, mostrar la sencillez de cualquier persona que puede cambiar el mundo si se lo propone, héroes de cada día, pequeños corazones latiendo, que agrandan la historia y nos ayudan a seguir evolucionando como seres únicos no perfectos, pero increíblemente maravillosos, ¡la raíz de la autentica perfección!


  Así, intentaremos positivamente y con ilusión, acercarnos a un héroe de leyenda, aquel que lejos de verlo como más que cualquier mortal, vamos a conocerle desde la humanidad, desde el hombre que vivió, sufrió, amó, o se enfrentó a un horrible sistema que le condenó. Si nos paramos a pensar, han sido muchos que han seguido la estela que el dejó, y así se ha sucedido, en todas las épocas, religiones o civilizaciones…


  Jesús de Nazaret, tan conocido por lo que la Iglesia nos ha rebelado evangelio tras evangelio, como desconocido por lo que ésta no nos ha querido contar.


  ¿Pudo ser sólo una herramienta de su padre celestial para enseñar una lección a los hombres?... ¿una máquina diseñada para amar al prójimo?...


  Si escuchamos lo que los religiosos cuentan, estaba lleno de amor, de una sensibilidad especial, de un talento sensitivo para canalizar el dolor y la angustia de todos los que sufrían, pero; ¿cómo tan humanamente conectado a todo y todos, se alejaba de sus necesidades, de sus debilidades como hombre?...


  ¡Porque no lo hizo nunca! además de todo lo que hemos podido saber de él, admirar o incluso querer copiar, Jesús, fue un hombre y vivió como tal hasta el resto de sus días. Ello implicó, amar como hombre, tener su propia vida con sus pros y contras y sobre todo; equivocarse.


  No vamos a hacer una biografía larga y extendida, a contar una de las mil teorías que corren sobre su vida como la espuma, ¡para nada!


  Simplemente, desde nuestro mágico universo, acercar su figura más allá de lo inalcanzable.


  Cuantas veces nos han repetido; “Era humano, pero ojo, también era el Divino Hijo de Dios”… y como tal, no poder contemplarlo en nuestra realidad, tan sólo eso, tener claro que él, fue el salvador de todos y su misión acabó al morir en la cruz nuevamente por todos, ¡el increíble y místico hijo de Dios, que se sacrifico! ¿Sin más?...


  Jesucristo, fue un Zapata de la época que le tocó vivir, un Robin Hood que se enfrentó a un cruel Pilatos hasta morir. Considerado un personaje especialmente entregado a ayudar a su pueblo, hizo del cristianismo su bandera y predicó la palabra de aquel Dios que sentía para unir y extender el amor entre los hombres. Un líder al que seguir y con el que verse reflejado para luchar por unos ideales y obtener la liberación de un régimen, como él que en muchos momentos en culturas sociales o políticas posteriores se han vivido.


  El hijo de Dios hecho hombre, ósea, tú, yo, o aquel que pasea por la esquina, una persona entregada a una causa, unos principios amorosamente cercanos y llenos de bondad, un incordio para los poderosos y una luz siempre presente para los más débiles.


  Un padre de familia, si, en ningún momento podemos pensar que no se entregó a los placeres de la carne, como tampoco que amó y sufrió por igual, y ahí es donde la figura de María Magdalena, se nos muestra tan tiernamente presente en su vida, como condenada y renegada en la historia que conocemos.


  ¿Es verdad que sólo fue una vulgar prostituta, recogida por lastima por Jesús y el resto de aquellos compañeros de ideas a los que familiarmente conocemos como apóstoles?...


  Pues fue sencillamente, la mujer de la que estaba enamorado y con la que compartía su vida y así Juan Arias en “La Magdalena” nos lo cuenta, un libro lleno de puro amor y que todavía nos hace sentirnos más afín a su persona.


  Y entonces; ¿Por qué la Iglesia no quiere mostrarnos la parte más humana, tierna y cercana que tuvo el mesías?...


  Tal vez, porque romperían la imagen con la que han llegado a mover masas, tal vez, porque no pega con la idea de la casa de Dios que nos han hecho conocer, o tan sólo, piensan que mostrarlo mas humano, también lo hace más cercano a los errores que cometemos a diario cuando el sol entra por la ventana tras un nuevo día.


  Sea lo que sea, creo que en un momento como el que vivimos tanto social como moralmente, salpicado por la tensión política o todo aquello que nos mantiene desde hace un tiempo en esta eterna crisis global, nos ayudaría a renacer, a despertar y querer cambiar la conciencia, a reconocer la divinidad de cada uno y nuevamente, ser imperfectamente humanos, para construir un mundo perfecto.


  Necesitamos sentirnos como Jesucristo, pero como aquel que ahora y gracias a investigaciones cada vez más fieles a su verdadera historia, empezamos a conocer. Un hombre hijo de un Dios de todos, enfrentándose al veneno del poder, de los mandatarios que abusan de él en nuestro nombre, un hombre, que vive y sueña, que utiliza el amor para comunicarse y contempla la esperanza como aliada.


  Un divino y mágico ser humano que por encima de todo, no sólo intenta enseñar a la vez que aprender, si no, ser feliz.


 
 
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