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ENTRE EL BIEN Y EL MAL

Por María José Pérez

 

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Nos rodeamos siempre de luces y sombras, del lado positivo de las cosas y aquel no tanto que dormido en el subconsciente nos acecha… mantenemos extremos felices o angustiosamente contrariados, en ocasiones, no nos percatamos de la presencia de uno u otro lado, mientras entre el conflicto eterno del ángel bueno o malo, permanecemos confusos…


Con la experiencia, nos sentimos más cautos, conseguimos que dichos angelillos se queden tranquilos, pasarlos de largo o intentar evitarlos… siempre pendientes a que la suerte nos de la mano, para intento, tras intento, llegar a equilibrarlos.


No todos piensan igual, la diferencia, la marca la irremediable invitación a defender o debatir ideas o creencias en contra unas de otras, pero frecuentemente, semejantes en sus formas… pues cada cual, según sus convicciones, sienten llevar la razón y la gran mayoría de veces, es la misma la que ciega más que aclara. Principalmente, cuando se termina pasando al “lado oscuro”… aquel, dónde las obsesiones se disparan en odios, vanidades del ser humano, egos tocados o bajadas de orgullo, que transforman los sentidos haciendo peligrar todo lo que no les otorgue de beneplácito… rompiendo así, la templanza universal, donde dicen que Dios juega a los dados y al hacerlo, quizás mueva la balanza celestial(siempre poniendo a prueba nuestro saber estar), aquella que al perder su ejemplar estabilidad, puede inclinarse fatalmente hacia la izquierda o hacia la derecha, hacia el norte o al sur, hacia él o ella, hacia la luz o la oscuridad y negativamente, pasar del bien al mal, en tan sólo un divino suspiro.


Si nos preocupamos en encontrar la diferencia entre luz y oscuridad, descubrimos que ambas van ligadas, ya que hasta en la más profunda sombra de la noche, nos iluminan la luna o las estrellas. La oscuridad pues, es tan sólo una ausencia de luz y la primera, necesita siempre de la segunda para mostrarse. Todo tiene su polo opuesto, su par de contrarios y estos, siempre se atraen… la claridad, es una cara del lado brillante de la vida, la oscuridad, la cara adversa de la propia, donde se esconde la crueldad que nos rodea.


Durante este caminito que positivamente emprendimos juntos ya hace unos artículos atrás… hemos aceptado nuestra magia y su poder, la divinidad que nos envuelve o la capacidad de utilizar nuestras emociones y sentimientos más allá de uno mismo. Con una obligatoria parada en la mente humana, donde aprendimos la forma de utilizar los pensamientos en nuestro beneficio personal. Y; ¿por qué no ya lanzados en la aventura, recorrer el sendero que lleva al hombre a sacar lo mejor o lo peor?... lo que cada uno lleva dentro de sí; “la libre elección del bien o el mal”.


Cuando nos sentimos deprimidos y nuestra angustia nos bloquea, no alcanzamos ver más… todo se atasca en esa franja perdida de la imaginación abstracta de nuestra mente. Entonces, perdemos el sentido real de las cosas, nos llenamos de fatalidad… nuestro mundo se hace gris y todo a nuestro alrededor, son nubes espesas, donde la claridad o la luz, brillan por su ausencia. Dependiendo de ese estado de ánimo o desanimo, alimentamos el bien o el mal que todos llevamos dentro. Exactamente igual, que lo que ya expusimos sobre la fuerza de los pensamientos y su lado positivo o negativo en los mismos, con la diferencia, que aquí de lo que se trata, es de mostrar el mal como una herramienta para transformar la oscuridad en luz y viceversa… es decir; la manera en la que el alma aprende de su paso por la vida y la dirección a cambiar los hechos que de alguna u otra forma, decidirán su evolución.


Al hablar del bien y el mal, hablamos de un escalón que separa a ambos, un extremo en la conciencia… seguir hablando en su otro orden mal y bien, es seguir sin alterar el producto, es referirse a luz y oscuridad, ya que van a la par. El mal, es sombrío, oscuro y perturbador… el bien, está lleno de amor, de todas las bellas virtudes que pueden salir de sus profundidades, de luz y colores que despiertan lo mejor de cada individuo, elevándolo como una maravillosa cualidad humana en su máxima exaltación, para extenderlo hacia todo y todos. El mal, se compone de retazos malignos del ser humano; la avaricia, el odio, la violencia… en general de todos aquellos sentimientos llenos de egoísmo y materialidad de los que se alimenta. Y; ¿Cómo podemos despertarlo?... cuando nos dejamos llevar por su principal socio; Don ego. Ese es el motor que pone en marcha la infernal maquinaria encargada de destrozar todo lo que forma parte de nosotros… los síntomas son muy dispares, se empieza a querer ser más que nadie, a intentar pasar por encima de situaciones, personas o debilidades ajenas para conseguir todos aquellos ansiados propósitos (con el tiempo; terribles despropósitos) que sólo así, algunos ilusos creen más rápidamente conseguir, la ambición engañosa pasa por no comprender el secreto de la misma. Se puede ser ambicioso y luchar por superarse a sí mismo con ejemplaridad y honestidad por lo justo que uno crea merecer o sin embargo, sucumbir a ir por el camino fácil (que terminará complicándonos la vida) donde al final se pagará un alto precio. Consecuencias nefastas, disfrazadas de facilidades o falsos apoyos, que desgraciadamente, terminaran por resultarnos demasiado caros. Pero eso es la finalidad del mismo, aprender desde los infiernos, comprender lo ingrato de su compañía, ayudarnos a ver su capacidad para atraparnos (si ponemos en marcha la sabiduría para poder canalizarlo), utilizarlo como un instrumento para mejorar y crecer como personas, o terminar (para nuestra desgracia y la de nuestros seres queridos) por convertirnos en el arma de su maldad. No, ¡no confundamos!, no se trata de ir matando por ahí para aprender de él, si no, pararlo desde dentro, hasta conseguir apoyarnos en su negatividad para ir en la dirección positiva. Saber manejar las circunstancias y no ser manejados por ellas… confirmando nuevamente, que el libre albedrio forma el papel protagonista y nuestra imperfección humana, el secundario. Es decir; o elegimos el camino correcto y vamos paso por paso, lentamente, con sus mil contrariedades (pero por acierto divino) o cogemos el atajo más rápido, ese políticamente  incorrecto (para mal acierto), pero con la posibilidad del arrepentimiento, de corregirlo y rectificarlo para posteriormente, hacer de él una virtuosa ocasión de cambio… he ahí la encrucijada en la que nos podemos encontrar. Una vez elegido el mal compañero de camino, tendremos que tener la valentía de reconocer nuestra equivocación y hacernos responsables de la misma, sólo así, la asignatura habrá sido aprobada y podremos continuar aprendiendo en la escuela de la vida, de lo contrario, nos perderemos dentro de su maligna espiral, dejando pasar la oportunidad de corregir nuestro pasos y llevarlos a la realización del espíritu.


Es de suma importancia tener en cuenta, que antes de lanzarnos a cualquier idea que nos lleve a un punto de sufrimiento y desesperación, deberemos darnos un tiempo para meditar o analizar todo con detenimiento, porque sólo así, evitaremos consecuencias dolorosas. Es necesario caernos para aprender… uno puede estar convencido de ir por un buen camino y después descubrir haberse equivocado. Somos seres humanos con nuestros defectos y virtudes, pero también, con esa magia que nos hace percibir más allá de los sentidos, un don único, un sello personal que nos advierte y guía. El mismo, que necesitamos activar a través de las señales que nos rodean, las que forman parte del lenguaje con el que el universo nos habla, tan poderoso como la luz que hay dentro de cada uno y que nos invita a escuchar… a observar más allá de lo que ven los ojos, aceptando que hay situaciones que no podemos predecir ni controlar… pero si, elegir lo que realmente queremos vivir, tomando las propias, como la señal para entender que todo tiene un por qué… Por el contrario, aquellos que por avaricia, codicia o amor propio, se lancen a aventuras creyendo con ello llenar sus vidas de cosas mejores… con el tiempo, descubrirán las angustiosas consecuencias de sus actos, porque es así, ese maravilloso tiempo que se nos brinda, es el que pone todo en su lugar y a cada cual, donde corresponde.


El mal no es el camino, pero si parte de una moraleja añadida a la historia del cuento que cada uno desea vivir, siendo conscientes, que los cuentos, cuentos son… y la vida, es lo que nos está sucediendo en este mismo instante.

Es evidente, donde hay luz, siempre habrá oscuridad, todo está conectado entre sí, y enfrentado eternamente en el universo. Pero de eso se trata, de saber equilibrar el bien y el mal. Pues cuando sentimos y experimentamos lo negativo, aprendemos a ser más positivos, comprobando que la sensación de estar iluminados es mucho más enriquecedora, pero sí de vez en cuando, no lidiáramos con la parte oscura, no comprenderíamos las distintas peculiaridades entre el bien y el mal; tan tristes; como estar rodeados de luz y dentro vivir a oscuras o tan milagrosas; como permanecer en la oscuridad y mantener la luz de nuestro corazón siempre encendida.


Como dice el dicho; “Cuidado a quien pisas al subir, porque te lo puedes encontrar al bajar”…

 
 
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