Fondo Navidad
 
 
 
 
 
 

LO QUE ES FUERA, ES DENTRO

Por José Luis Villar

 

 

Quien insulta, se insulta.

Quien desprecia, se desprecia.

Quien odia, se odia.

Quien maldice, se maldice.

Quien critica, se critica.

Quien miente, se miente.

Quien acusa, se acusa.

Quien maltrata, se maltrata.

 
  Pues todo aquello que de nosotros sale a nosotros regresa, a nosotros pertenece y a nosotros afecta.
 
  Todo lo que haces, piensas o dices del resto del mundo, te define en este momento y a ti vuelve, convirtiéndose en un círculo, en una rueda que no es fácil de romper, así como en un gran engaño, debido al hecho de creer que toda esa visión pertenece sólo al exterior.
 
  Si lo que de ti sale es engaño, espera sólo ser engañado; si lo que de ti nace es simpatía, disponte a recibir simpatía y, si lo que de ti surge es incomprensión hacia los demás, prepárate para no ser comprendido.
 
  Porque lo que ves fuera, a tu alrededor, es justo lo que llevas dentro. Todo aquello externo a lo que tu mente presta atención, que enjuicias o valoras, es exactamente lo que existe en tu interior. Y cuanto más duele ver un defecto o un comportamiento en los demás, más profunda es la herida, porque reconoces la tuya propia.
 
  Si quieres conocerte, pon atención a tu entorno, a todo lo que tu mente observa cada día a tu alrededor y estarás frente a un retrato de ti mismo, frente a un dibujo exacto de tu interior. Porque lo que es fuera, también es dentro.
 
  ¿O no son quizás los consejos que se dan a los demás los que mejor nos sirven a nosotros mismos, cuando nos encontramos en una situación parecida? Porque lo que de ti surge está hecho justo para ti, ahora, en este momento.
 
  Y conociendo esto, que la vida es una rueda y que todo está en nosotros, sólo podemos vislumbrar una solución para romper este círculo, para cambiar el mundo y para cambiar nuestro destino, que es dirigiéndose al cimiento de la mente, al lugar de donde emerge y se manifiesta nuestro yo: el pensamiento.
 
  Y para ello es necesario observarlo, estudiarlo y controlarlo. O al menos, encender una luz de alarma, un dispositivo que nos avise que entra en nuestra mente un pensamiento que no nos conviene, inadecuado, perjudicial para nosotros. Y en cuanto seamos avisados, localizarlo, reconocerlo y desecharlo.
 
  Sólo así se puede controlar todo lo demás, las palabras que nos delatan, los actos que nos arrastran, los miedos que nos paralizan y toda esa clase de sentimientos negativos e innecesarios que sólo nos restan energía, dejándonos cada vez más vacíos.
 
  Y dejar la entrada libre a pensamientos alegres, comprensivos, de tolerancia, de paz y de unidad, porque es entonces cuando el cambio se va produciendo en nuestro interior. Ya no apreciaremos tanto el mal, ya no veremos la vida como una carga, como un pesar, sino como un modo de expresión y de perfeccionamiento, que nos llevará a entender.
 
  Porque precisamente en la calidad e intensidad de nuestros pensamientos, estribará la calidad de nuestra misma vida y, por supuesto, la forja de nuestro futuro.
 
  Es un cambio que se efectúa dentro de nosotros, sin apenas notarse, al igual que el otoño deja paso al invierno y este a la primavera. Un cambio tan sólo basado en un principio, en una premisa, prestar atención al pensamiento, no dejándose llevar por él, controlándolo para dirigirlo y elevarlo.
 
  Y es que cada pensamiento surge de un lugar, de un tipo de energía, del que va impregnado y que se manifiesta a través de él, y nosotros podemos ser el canal que la transmite. Y si no nos preocupamos, si no atendemos y prestamos cuidado a cada uno de ellos, cuando aparece, cuando entra en nuestra mente, cuando va tomando forma y cuando por fin se materializa, estos irán poseyendo una parte de nosotros, e irán trasladando la energía que transportan a nuestro interior, transformándonos en eso mismo que transmitimos.
 
  Éste es el principal ejercicio a realizar, porque desde aquí, desde el interior, surge la energía que transforma la vida alrededor, hasta comprobar que nuestro pensamiento es mucho más poderoso de lo que imaginábamos y que, además de transformarnos, también cambia a los demás, a los que nos rodean, que a partir de ahora responderán a nuestra acciones de un modo diferente, mejor, acorde a nuestro modo de pensar, convirtiéndose en una reacción en cadena. Porque el tipo de relación surge siempre de la calidad, clase y nivel de pensamiento que dirijamos a cada ser que tengamos a nuestro lado.
 
  Todos los seres que vemos cada día, todas esas personas cercanas o lejanas del mundo son parte de nosotros mismos pues, en realidad, nos encontramos conectados por la vida.
 
  Una pequeña variación en nuestro punto de vista se traduce en un cambio de conducta, en otro modo de afrontar las adversidades; una forma de pensar dirige una respuesta, una reacción; un convencimiento interior, conlleva un cambio de actitud; una certeza modifica toda una vida. Pero nada cambia solo, en apariencia o a la vista sin más, es precisa en primer lugar una modificación interior, en ese mundo que no apreciamos en los demás, pero que en todos existe.
 
  Sólo desde el interior, desde dentro, se puede modificar todo, se puede mejorar el entorno; sólo el interior dirige el camino, porque todo está en ti, todo depende de ti y sólo a ti volverá.
 
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