TAN SÓLO QUERÍA AYUDAR...

Por Ana María Ruiz

 

  Conversar es algo que no hacemos con la frecuencia que deberíamos ; quizá debería venir prescrito por profesionales a los que admiramos, sea cual sea su profesión y dedicación; pero tan sólo quizá , porque somos rebeldes en esencia pero corderos mansos al efecto, esa es mi realidad y hoy ese es mi mundo, el mundo que os quiero contar.
 
    La ausencia de conversación nos lleva a observar más, o por lo menos, esa es el plan B de nuestro cuerpo, compensar lo que no hacemos con otras acciones. En cualquier caso, observar es todo un arte y como artistas que todos llevamos dentro, vamos dando forma a lo que vemos, formando palabras, formando sentimientos, en definitiva, creamos una historia a lo que no hablamos pero sí percibimos empíricamente.
 
  Últimamente, cada vez que voy a comprar observo mientras espero en la cola de la caja, las personas que tanto delante como tras de mí se encuentran. Hace unos días quise ayudar a meter en bolsas la compra de una señora muy mayor que con problemas en las manos, le era bastante difícil realizar tal labor.
  Mi intención era buena, ayudar. Su reacción no lo fue tanto, desconfiar.
 
  Esa situación me ha llevado a pensar mucho del porqué somos tan desconfiados, ¿Por qué tenemos que será autosuficientes? ¿Por qué no nos dejamos ayudar? ¿Por qué pensamos tanto?
 
  ¿Pensamos demasiado y queremos ir más allá? Es probable, hacemos que actos de voluntad y espontáneos nacidos del corazón se transformen y pasen el filtro de la razón y ese puede que sea el motor de nuestras reacciones. Un motor que acelera y nos lleva a decirle a la persona que nos ayuda: ¿Qué está haciendo?
 
  Mis intentos de ayudar a aquella señora no resultaron tal como yo sentí, ella pensó que le iba a robar o quitar algo de su compra, no se fió de que tan sólo quisiera ayudarla, sin más, tan sólo eso.
 
  Vivimos siempre alerta, no nos cabe en la cabeza que alguien pueda querer ayudarnos sin obtener algo más a cambio. Hemos aceptado en nuestro vivir diario que todo es de ida y vuelta, así que si yo doy también quiero algo, intereses que no sólo los bancos nos cobran, sino que el ser humano nos hemos fijado un interés a un tanto por ciento muy alto, pagamos cara esta desconfianza.  
 
  La ayuda altruista no la vemos a menudo y eso hace que construyamos defensas ante todo lo que el mundo exterior nos acerca. La prensa hace que todos los días incrementemos la desconfianza en nuestros semejantes, la multitud de noticias negativas que de manera sensacionalista invaden las calles, hacen que siempre estemos alerta, preparados, como si una batalla estuviera siempre a punto de llevarse a cabo.
 
  Pero es hora de tomar conciencia y de dejarnos de excusas, de noticias u otros supuestos, es hora de actuar y hacerlo de la mejor forma y más honesta, tan sólo así podremos ganar terreno a ese temor, tan sólo con confianza podremos sentirnos más seguros.
 
  Todos necesitamos confiar en alguien, en tu frutero, en tu vecino, en la persona que te atiende en el mostrador, en tus amigos, en tu familia, en definitiva, todos necesitamos de un poco de confianza, porque es así como creamos día a día nuestro camino, confiando.
 
  He descubierto que a todos en algún momento nos han hecho daño o nos han herido ; esas heridas podrían ser hechas por un arma de destrucción masiva y dolorosa: la mentira.
 
  No existen mentiras pequeñas ni insignificantes, así como tampoco existe justificación alguna que la perdone, al efecto todo son mentiras y utilizarlas hace que creemos desconfianza en el receptor, ¿cómo? pues en cuanto se entere, y se enterará, eso seguro.
 
 
  Saber que te han mentido es como si te dijeran en tu cara, frente a frente que no han tenido confianza para contarte la verdad. Utilizar este arma tan peligrosa puede hacer que conviertas tu vida en lo que no es, una realidad virtual donde tus mentiras se apoderen de tus verdades, convirtiéndose así en realidad aceptada por quien te conoce.
 
  La mentira no es el camino ni tampoco el medio para llegar a destino. La mentira es eso, tan simple como mentira, no la verdad.
 
  Hoy me he dado cuenta, de nuevo, que mi mundo no es tan distinto al tuyo, todos somos iguales y la igualdad llegará cuando todos creamos que realmente existe, tan sólo nos falta voluntad y confianza, tan sólo eso.
 
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