LA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL

Por Zaira Cabot, Psicóloga

 

  ¡Llego Septiembre! Las vacaciones se han terminado o están a punto de concluir. Después de un mes, quince días o una semana de sol. Tumbonas rellenando kilómetros de playa. Comilonas con los amigos, unas cervecitas en la terraza de un bar, con la música de fondo. O un buen vino, saboreándolo a pie de mar. Y visualizas no el último, sino el penúltimo día de vacaciones como si el mundo se te estuviese escapando entre las manos. Se acabó el poder acostarte tarde, como si no existiesen esas  
  agujitas del reloj que tanto te pautan la vida el resto del año. Y con el transcurso de los días comienzas a pensar en todas tus obligaciones, en tus horarios de trabajo, en el papeleo pendiente, que parece flotar en la mesa del rincón, de una de las habitaciones de tu casa. Y que está abandonado, con un montón de posits o anotaciones con fechas y números de teléfono. Que parece que te gritan ¡vuelve! en el último recoveco de tu cabecita. Y entonces, comienzas a sentirte cansado, sin apenas apetito e incluso con molestias en el estómago, cada vez que cenas. Y al caer la noche tu cabeza da vueltas como si de una montaña rusa se tratase y te cuesta dormir. Te levantas y cualquier cosa te altera o ya no te produce el mismo placer que hace unos días, porque tu cabeza ha viajado a otro mundo llamado “rutina”. ¿Qué está pasando? Te estás estresando.
 
  Estás comenzando a reaccionar física y psíquicamente ante unas demandas del entorno, que literalmente “se te vienen encima”. Comienzas a no gestionar bien que simplemente tienes que volver a adaptarte al entorno. Y casi sin querer, comienzas a desmotivarte y ha tener un estado de ánimo más bajo de lo habitual. A esto le suelen llamar “Depresión Post-vacacional”.
 
    No es una entidad diagnóstica en sí, ya que no existe consenso en la comunidad científica, que la defina como tal. Pero que éste conjunto de síntomas es verídico, basta con observar a nuestro alrededor. Quizá es porque lo percibimos como una actividad negativa que en un principio maximizamos y luego gestionamos mejor, a medida que pasan los meses. O quizá, en los tiempos que corren, no es tanto así. Sino, que llegada la hora reaccionamos de esta forma, no tanto por la vuelta a la rutina, sino porque quizá tenemos un sentimiento de culpabilidad por no cuidar el privilegio de tener trabajo. Aunque por otra parte sepas que es bueno descansar. Y ahí, justo en ese instante, sentimos un malestar, que los psicólogos llamamos “Disonancia Cognitiva”, por la contradicción que supone éste hecho en sí. A día de hoy, la presión económica, laboral y social, a veces supera los límites del bienestar.
 
 
Podríamos congregar los síntomas en el siguiente apartado:
* Trastornos digestivos * Insomnio * Taquicardias
* Dolores Musculares * Cansancio * Pérdida de apetito
* Irritabilidad * Ansiedad * Apatía
* Tristeza * Falta de interés * Nostalgia
 
Radio de afectación o perfil de personas susceptibles de sufrir éste cuadro:
* Estudiantes y trabajadores. El simple hecho de tener obligaciones y responsabilidades.
* A modo orientativo, podríamos decir que se acusaría más en personas de entre 30 y 55 años.
* Aquellas personas que no tengan satisfacción laboral.
* Personas posicionadas, en su jerarquía laboral, en un rango más alto. Por tanto tendrían más carga de trabajo.
* Aquellas personas que tengan a alguien a su cargo. Padres, madres o tutores.
* Quien tenga una situación laboral y/o familiar inestable.
 
¿Qué puedo hacer? A continuación os ofrezco una serie de consejos:
 
* ¡No comiences a rumiar lo que aún no ha llegado! Es bueno ser precavidos e incluso planificar, pero sin llegar al extremo de no parar de darle vueltas a la cabeza sin funcionalidad ninguna. Lo único que estás provocando es anticipar hechos, que pueden tener consecuencias desagradables para tu propio bienestar anímico. Se racional, realista y productivo.
 
* Haz un listado de todas las cosas que tienes pendientes. Tanto si se refiere a tareas caseras, como del trabajo e incluso las compras para los meses próximos.
 
* No intentes abarcarlo todo de golpe. Sólo conseguirás frustrarte. Si crees conveniente haz un horario “flexible”, que te permita organizarte lo días de la semana, de manera que puedas modificarlos, por los imprevistos que puedan surgirte.
* Intenta dormir ocho horas. ¡Sí! Parece que he dicho una barbaridad y más en los tiempos que corren. Pero si no pudieses dedicar ocho horas, no bajes de un mínimo de seis. Piensa que dormir adecuadamente, es vital, para poder desempeñar correctamente tus funciones.
 
* Intenta dormir ocho horas. ¡Sí! Parece que he dicho una barbaridad y más en los tiempos que corren. Pero si no pudieses dedicar ocho horas, no bajes de un mínimo de seis. Piensa que dormir adecuadamente, es vital, para poder desempeñar correctamente tus funciones.
 
* Procura gestionar bien el autocontrol de tus emociones. No hay que mezclar el ámbito laboral y el personal. Seguramente os estéis preguntando cómo se hace esto. Hoy en día, la gente es muy propensa a no saber desconectar entre roles e incluso de las nuevas tecnologías. Intenta razonar en base a hechos y consecuencias, no a sentimientos. Haz una parada de pensamiento, Cuenta hacia atrás al irte a dormir o distráete, haciendo lo que más te guste e incluso conversando con la gente que te rodea.
 
* Sé resolutivo. Darle vueltas a las cosas sin prestar atención a todas las posibles soluciones, no sirve de nada. Debes encontrar los pros y los contras de la situación que te envuelve y sus posibles salidas, para encontrar la alternativa más idónea en la resolución de un problema.
 
* Procurad reforzaros o reforzar las buenas acciones, tanto propias como ajenas, porque supone una gran estimulación para seguir adelante. Estamos demasiado acostumbrados a ver los errores y no los logros. No hay que ser un positivista absurdo, pero tampoco generar pensamientos catastrofistas sobre nuestro paso, en este lugar llamado Mundo.
 
* Es recomendable volver uno o dos días antes de un viaje, si es el caso. Y darte margen para poder compartir las experiencias que has vivido. La comunicación es importante, ya que nos permite revivir lo acontecido.
 
* No generalices ni maximices la negatividad de tu situación, seguramente si te paras a pensar, tienes muchas cosas positivas y agradables a tu alrededor, que podrían haber ido a peor o simplemente no estar.
 
* Y por supuesto si tuvieses algún problema añadido, no dudes en pedir ayuda a un profesional. Los psicólogos no solo ejercemos, para tratar trastornos mentales graves o diagnósticos de ansiedad y depresión, por ejemplo. Sino que también ayudamos a la adquisición de habilidades sociales y gestión emocional.

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